A mediados del siglo XX se proyectó sobre el sur de la Ciudad de México el fraccionamiento más ambicioso y moderno de la época, una auténtica ciudad-jardín. Los Jardines del Pedregal se construyeron sobre un paisaje ríspido, formado de roca volcánica, de los restos de lava emergidos de la erupción del volcán Xitle y otros volcanes aledaños, donde germinó, a lo largo de varios siglos, una vegetación autóctona, un follaje áspero y rígido.
Este suelo inhóspito cautivó al arquitecto Luis Barragán, principal artífice del fraccionamiento Jardines del Pedregal. Para Barragán, también urbanista y paisajista, las casas y departamentos debían diseñarse no solo para ser usados sino también extraer de ellos un sentido artístico que proporcione belleza al espíritu. En la contemplación del paisaje adusto, el arquitecto vislumbró expresividad e imaginó la simbiosis de este paisaje con la arquitectura moderna y los jardines.
Para Barragán, cuyas obras le han otorgado reconocimiento internacional, la arquitectura del pedregal debía ser estrictamente moderna contemporánea, y se excluiría cualquier intento de recurrir al estilo colonial californiano, que tanto se había empleado en las décadas previas en el DF. De este modo, marcó la pauta para el diseño de las casas que cimentaría un grupo de más de 100 arquitectos en las décadas siguientes.
Por considerarse una zona de gran valor histórico y arquitectónico, los Jardines del Pedregal acaban de incluirse en un programa de obras de rescate y mejoramiento por parte de la delegación Álvaro Obregón, que consiste en reencarpetamiento, mejoramiento de alumbrado público y áreas verdes. La idea es que este fraccionamiento único en América Latina y el mundo por su diseño e ingeniería siga conservando su valor como acervo cultural de la Ciudad de México.
Foto: Casa Fernández, Arq. Francisco Artigas
Tomada de luisbarragan.tumblr.com